Dios, querido amigo, es el centro de mi alma porque en el movimiento elíptico que es mi conducta en la vida, a veces me alejo…mucho del centro. Y a veces, su sólo ser en el centro de todo, me atrae con un magnetismo que supera toda resistencia.

No soy yo quien lo decide. Dios es, y no puede ser de otro modo, a pesar de mi.

Ana Soria
Argentina

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