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meditacion_cristiana-16

La última mitad del Siglo XX ha sido clave para la proliferación de nuevas comunidades de Amor que buscan la raíz, que se identifican con las comunidades primitivas del monaquismo y que buscan una mayor autenticidad de vida en base al Evangelio.

Salambo mencionaba la Comunidad de Taizé que, en mi opinión, es uno de los signos de los tiempos más maravilloso que existe. Esta comunidad logra atraer a miles de jóvenes que se unen en canto, oración profunda y silencio. Admiro el espíritu ecuménico y generoso de los hermanos, que además no piden dinero, ni donativos.

Este tema del dinero es para mi muy importante porque demuestra su autenticidad. Recuerdo que antes de llegar al monasterio de Father John Main, cuando yo estaba en búsqueda de una espiritualidad profunda, me decía que un signo de autenticidad se da en ese espíritu de generosidad. Asi que cuando llegué a la Rue des Pins en Montreal, quedé muy feliz de ver que Father John nunca nos solicitó dinero.

El verdadero crecimiento de las comunidades se da hacia adentro – no en la cantidad de “miembros” que tenga; no en cuanto a su crecimiento exterior que más bien puede buscar prestigio y reconocimiento.

Como el crecimiento es interior, no hay forma de medirlo o de controlarlo. Una comunidad de Amor acepta simplemente ser plataforma para que quien llegue aprenda, tome lo que necesite cuando quiera y guste -sin condiciones o controles. El regalo de la meditación cristiana es tan grande que no se puede guardar para uno mismo – uno desea compartirlo y es maravilloso poderlo hacer desde nuestra situación personal, con los talentos que Dios nos ha dado.

En el tema de cualquier comunidad de oración, no hay protecciones ni guardianes. Lo contrario sería como crear una asociación para controlar y proteger al “Padre Nuestro”. Father John nunca academizó, institucionalizó o comercializó la Meditación Cristiana.

Nuestra práctica diaria nos va llevar no solo al auto-conocimiento, sino a abrir nuestro corazón para que florezcan los dones del Espíritu Santo. Esto es un proceso de Gracia, muy personal, muy interior.

El encanto de las nuevas comunidades de Amor reside en que no busquen apuntar a sí mismas las linternas de la fama y de las “altas conexiones” con la excusa de la expansión. El encanto reside en su sencillez que debe ser el reflejo de lo que experimentan.

 

Lucía Gayón