meditación-cristiana-76

Ahora que medito la vida tiene un sentido más profundo. Es como si le hubiese agregado otra dimensión. Mi densidad como persona ha crecido. Siento que navego en una barca en que muchas veces soy el timón y cuando las manos de Jesús se posan sobre mí, el mar se transforma en el Padre eterno…por instante no siento miedo porque ya no hay más separación. Y la única aspiración es hacer de ese momento un presente continuo y sostenido. Además de estar más en mí, también estoy más en “el otro”, me resulta más fácil ser prójimo. Esa es para mi la grandeza de la meditación: Estar en Dios, con todos sus derivados.

Leomaris Herrera Campoy

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