Alegría de Navidad y tristeza por los inocentes

Las grandes alegrías de la vida tienen también su parte de tristeza. La alegría del nacimiento de Jesús y su gran escape, pero el drama y tristeza de la masacre a los niños.

El Día de los Inocentes se “celebra” con bromas en muchos países – será que eso ayuda a mitigar el dolor de los dramas de nuestra sociedad?

Hoy vemos que las masacres continúan – en las guerras absurdas, en el escape sin éxito de muchos, en las injusticias del poder, en la violencia institucional, en la destrucción de la vida a través del aborto, de la eutanasia y del suicidio; en la opresión de los débiles. Los crímenes contra quien sea. La “justicia” comprada; la burla al orden y a la ley. La anestesia hacia los preceptos y doctrinas religiosas cuyos mensajes y mensajeros han fallado.

¿Podemos revertir esto?

Pensar en cambiar al mundo sería una misión imposible, pero es posible cambiarnos a nosotros. Creo que no hay otro camino mas que el de la oración profunda, la oración que no pide nada, la oración generosa. Oramos para tomar conciencia de la Vida como regalo; oramos para ir despertando a la Presencia de Dios en nuestro corazón. Tener esa certeza y esa confianza de que somos amados desde la médula; que nuestro origen es divino y que Dios está en nosotros todo el tiempo, derramando su gracia y su Amor incondicionalmente.

Si, hay un camino a la inocencia y este camino lo transitamos y lo celebramos con el  poder del Amor de Dios!

Lucía Gayón

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