Dios se regocija en cada momento único de la naturaleza.

Su Amor perfumacada instante que vivimos.

Su aliento es la fuerza que se mueve en la analogía de nuestro tiempo.

Cuando nuestro corazón es una casa de oración, en ella nos sentimos profundamente amados, contenidos, nuestra alabanza silenciosa , es el aquí y ahora.

Su Amor nos envuelve, nos acerca en comunidad a la dicha de ser sus hijos.

Liliana Mellano

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