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El amor es la esencia del pensamiento cristiano. Y debe empezar por el amor a uno mismo. Aunque pudiera parecer egoísta, la única manera de irradiar amor a los demás es comenzar por experimentarlo hacia uno mismo.

Como dice este escrito, los seres humanos estamos llamados a participar de la esencia divina que es el amor. Y hacerlo no es ser un mero espectador pasivo ni aceptar a Dios con nuestra mente. Es imprescindible encarnarse en Dios, impregnarse de su amor, vivenciarlo en la totalidad de nuestro ser.

Dios se revela, mediante la persona de Jesús, en lo más profundo de nuestro ser. Debemos facilitarle la tarea . Y eso se consigue mediante la contemplación, en profundo silencio, de su sagrado nombre.

Alicia Gundín

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