JohnMain

Gran parte del sufrimiento y de la confusión asociados a la búsqueda espiritual de nuestros contemporáneos se debe al hecho de que es muy intuitiva, permanece desarticulada y pobremente entendida. Esta es la oportunidad para la Iglesia de identificar las fuerzas desconocidas que están trabajando y de mostrar, con ejemplos de vida más que con teoría conceptual, que la meta hacia la cual esas fuerzas nos están conduciendo es, dentro de la experiencia cristiana, territorio conocido. Las personas actualmente están buscando los frutos perennes del Espíritu: paz, libertad, alegría, liberación y poder de amar. Ante todo están buscando el coraje y la fortaleza para ser. Todos estamos conscientes con una percepción peculiar de que por este descubrimiento debemos asumirnos a nosotros mismos con lo más simple de nosotros, lo más elemental. Este es el trabajo preliminar que todos debemos emprender. Como lo expresó San Agustín:

´El hombre primero debe ser restaurado a sí mismo, hacer de sí mismo un escalón y elevarse desde sí a Dios.´

Hombres y mujeres serios ven esto claramente en nuestro tiempo y comparten una conciencia universal – o un instinto pugnando por convertirse en conciencia – de que la cuestión es urgente así como personalmente desafiante. Para emprender el trabajo tenemos que llamar en nuestro auxilio a todos nuestros recursos originarios, así como también a la experiencia acumulada de la gente. Si los peregrinos de hoy no están mirando a la tradición cristiana debe ser seguramente, en gran parte, debido a no ver entre nosotros suficientes hombres y mujeres que evidentemente hayan sido restaurados a sí mismos y quienes por tanto, conozcan la urgencia y la dimensión personal del peregrinaje.

Tenemos el Evangelio – la palabra inspiradora de Dios – pero a menos que la Palabra nos haya inspirado a nosotros a dejar el ego atrás y a seguir la luz de Cristo como discípulos íntimos, consecuentemente no podemos transmitir el Evangelio con su vida, verdad y poder efectivos. La Iglesia como el Cuerpo de Cristo, como su presencia personal entre la gente, está constituida de tal manera que el Evangelio sin elementos de comprobación personal que lo autentiquen, es letra muerta.

El Evangelio demanda más de nosotros a medida que más lo vivenciamos. El compromiso interior y la entrega personal involucradas en el peregrinaje cristiano nos conducen dentro del más profundo ámbito del ser. El trabajo de entrar a estos ámbitos donde nos convertimos en más bañados por la luz de Cristo, transforma lo que alguna vez sufrimos en lo que ahora disfrutamos. Cuando todo está dicho – y después de todo, no mucho puede ser dicho o al menos no dicho muy bien, sólo puede ser conocido y compartido – la esencia del peregrinaje es la pérdida de nuestro ego en pos de descubrir nuestra verdadera condición humana – una condición humana que es encontrada en la persona del Señor glorificado.´

(continuará)

Extracto de: Comunidad de Amor, de John Main
Traducción: Noelia Valenzuela y Mary Meyer
Revisión: Marina Müller
Regalo de Enrique

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