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La meditación cristiana es y debe ser tan sencilla como cuando un niño reza un Padre Nuestro. No medimos nuestro progreso, no nos comparamos con otros, no nos volvemos expertos o campeones de la meditación cristiana -ni eruditos, ni gurús.

Volvemos a la sencillez de un niño cada vez que meditamos y que regresamos a la repetición de nuestra palabra sagrada o mantra, así sea mil veces. Repetimos nuestra palabra sagrada con lealtad, con atención y con todo nuestro Amor.

Muchas gracias por llegar al grupo Rosi y Eva María – las recibimos con un gran abrazo,

Lucía

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