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Transitar juntos el camino de la Meditación Cristiana nos da fuerza y alegría; nos ayuda a descubrir que es un camino de “des-aprenderes”, de muchos “regresares” – lo vamos aprendiendo a través de las distracciones, tropezones y olvidos.

Reconocer la sencillez de esta enseñanza que consiste en encontrar dos periodos al día de 30 minutos, sentarnos, cerrar nuestros ojos y luego repetir amorosamente nuestro mantra o palabra sagrada. Hacerlo todos los días, dedicar una hora al día a Jesús para vivir este grandioso y sencillo camino.

Muchas gracias por venir a este grupo, Enrique – te doy la bienvenida con todo el corazón y te presento al grupo.

Lucía Gayón

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