lirios

Nos gusta la idea de pensar que estamos buscando algo y así nos ocurre en nuestra vida diaria – desde la sobrevivencia, la salud, el alimento, el trabajo, la familia, los amigos, la educación, etc.

En la vida espiritual creemos que estamos buscando algo pero en realidad ya hemos sido encontrados y solo falta despertar a esa realidad.

La meditación cristiana es el camino pequeño del que hablaba Santa Teresita. Parece que lo encontramos, pero más bien fuimos llevados ahí por la Gracia de Dios. Su encanto está en que no es obvio, no es obligatorio, no está prescrito como una medicina para nuestras enfermedades. Pues si vemos la meditación cristiana como una fórmula para resolver los problemas de nuestra vida, posiblemente dejemos de meditar muy pronto.

Es un camino que nos lleva a ver la obra de Dios por sí misma, es incondicional, es de pobreza, no pagamos por ello, no ganamos un puesto en la jerarquía religiosa, ni lo hacemos para acumular “heaven miles”. Es ver nuestra torpeza para meditar pero a la vez, dejar que El haga su trabajo en nosotros.

Nuestro gran esfuerzo consiste en quitarnos las imágenes que hemos hecho de Dios – imágenes humanas que hemos creado de un Dios que piensa, siente y actúa como yo – o como alguien que representa autoridad. Nuestro esfuerzo consiste en llegar puntuales a nuestras dos citas diarias; a repetir nuestra palabra sagrada todo el tiempo y en especial cuando nos percatamos que estamos distraídos – y no colgar la toalla – seguir adelante a pesar de nuestro tropezones, olvidos y ronquidos!

Lucía

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