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El estar callados en la presencia de Dios no es una pérdida de tiempo, no tenemos que temer que se trate de quietismo. Puede ser que al meditar todas las campanas de los sentimientos de callen. La Oración no consiste en pensamientos, sino en la entrega sencilla.

Cuando Dios nos conduce hasta el sótano del desconsuelo (distracciones, pensamientos, …) nosotros debemos permanecer tranquilos. Debemos seguir manteniendo ese estar silenciosos en presencia de Dios. Tenemos que llegar a ser hombres que aman a Dios por Él mismo, aunque Dios se oculte enteramente, aunque no encontremos placer, ni claridad, ni cálido fervor.

Graciela Schallibaum

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