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En la soledad de mi “ser” siento que cohabito con la fuente de vida. Soy una con el Padre y los hermanos. Es como esta pequeña historia:

Había un camino largo y angosto que muy pocos querían transitar. Siempre aparecía un anciano que instaba a cruzar el puente que había al final de ese camino, que llevaba a otro ancho y muy corto, tanto que solo era un punto, pero no era cualquier punto sino el más profundo de todos: era el momento presente lo que muchos llaman “eternidad”. Los que allí llegaban acogiendo la amorosa invitación del anciano experimentaban la esencia del verdadero camino…aunque lo transitaban “solos” el camino estrecho, cuando llegaban lo hacían todos juntos…así que la soledad guiada por la fraternidad de los “otros” te lleva a cruzar el puente de la comunión con la “otredad” donde todos llegamos y somos uno con el Padre eterno.

Leomaris

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