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La manera para hacer la meditación es muy sencilla. Lo que cada uno de nosotros debemos hacer es estar lo más quieto posible, tanto de cuerpo como de espíritu. La quietud del cuerpo la conseguimos sentándonos totalmente quietos.

Así que cada vez que medites, toma unos momentos para encontrar una postura cómoda. La condición esencial es que tengas tu columna vertebral lo más derecha posible. Luego, el camino para la quietud de espíritu que tenemos en nuestra tradición monástica, es aprender a decir en silencio, en la profundidad de nuestro espíritu, una palabra o una frase corta.

El arte de la meditación es simplemente aprender a repetir esa palabra constantemente – la palabra que recomiendo es una palabra en Arameo – Maranatha. No muevas tus labios, pero repítela o recítala internamente. Lo que es importante y que debes comprender desde un principio, es que hay que repetir o recitar esta palabra del principio al fin de tu meditación. Al aprender a repetirla, estás aprendiendo a renunciar a tus pensamientos, ideas e imaginación y aprendes a quedarte en la profundidad de tu propio ser. Acuérdate siempre de esto. No pienses, no utilices otras palabras mas que esta, no te imagines nada. Solamente escucha, repite tu palabra en la profundidad de tu espíritu y resuénala. Concéntrate en ello y dale toda tu atención.´ Father John Main

Con esta pequeña introducción a la meditación, damos la bienvenida a Felix Nelson y a Agus. Deseamos que este inicio o re-inicio a la meditación cristiana sea luminoso – sabiéndose acompañados por el mismo Jesús.

Muchas gracias por llegar al grupo!

Lucía Gayón

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