Comunicarlo y compartirlo

Se llama a los discípulos cristianos a confiar en Jesús y a seguirlo, no a medias, sino totalmente. Pero como Él es bondadoso, nos ofrece un camino por el que podemos ir progresando gradualmente saliendo del “yo” hacia el misterio infinito. Tal es el camino que recorremos al meditar.

Cristo nació en Belén, y ése es un magnífico hecho histórico. Pero es un hecho que ya ha sido completado. Se completó en el pasado; por eso ahora Él debe nacer en nuestros corazones. Nuestros corazones deben estar preparados para Él. En la posada de nuestro corazón debemos tener lugar para Él. La meditación es para esto: para preparar y abrir nuestro corazón para el nacimiento de Cristo. Y porque Él es Dios infinito, debemos desprendernos de todo lo demás para que haya espacio para Él en nuestro corazón. El misterio consiste de que cuando Él nace en nuestro corazón, todo lo demás también nace, nace con Él. Nuestros corazones se llenan de su Amor, su compasión y su perdón. Sabemos que somos perdonados, amados y comprendidos por el Dios infinito y su Hijo, nuestro hermano. Llenos de este conocimiento empírico, no podemos dejar de comunicarlo y compartirlo con toda persona a la que nos dirijamos, cuya vida esté entretejida con la nuestra.

La meditación es un compromiso diario con
estas verdades, no en teoría, sino en la práctica;
no como filosofía de vida,
sino como experiencia cotidiana.

“No puede haber otro cimiento más allá de aquel que ya existe; hablo del mismo Jesucristo… Ciertmente tú sabes que eres el templo de Dios, donde habita el Espíritu de Dios” (1 Co. 3, 11-16).

Esto es la que la Iglesia primitiva comprende con claridad. El cimiento de nuestro viaje hacia Dios es la ofrenda que Dios nos hace en la encarnación, y nosotros debemos llegar a saber que el conocimiento de Dios, su Espíritu, habita en nosotros. Vemos que nos hacemos reales al ser sus templos; nos hacemos íntegros en la roca que es Jesucristo.

La meditación parece una tontería para el mundo. El abandonar nuestros pensamientos, imágenes y palabras por nuestra fe en la realidad de Cristo es la tontería de la sabiduría divina. Dejamos pensamientos y palabras que son limitados y finitos para abrirnos y recibir el amor ilimitado de Dios a través de Jesús. Lo absoluto del regalo de Dios hace de todos nosotros unos tontos: “No cometáis errores acerca de esto: si alguno de vosotros cree que es sabio – según lo que se entiendo por sabio en este tiempo pasajero – debe convertirse en tonto para lograr la verdadera sabiduría” (1 Co. 3, 18).

El decir el mantra por la mañana y por la tarde,
cada día de nuestra vida se convierte en un día tonto,
según los ojos del mundo.
Pero nos conduce a la única sabiduría que existe:
la conciencia plena den la conciencia de Jesús.

John Main
Del libro: Maranatha, Camino de la Meditación
Editorial Lumen, Argentina
Título original: The Heart of Creation
Darton, Longman & Todd Ltd.

PREGUNTA DE LA SEMANA

¿Qué es para ti ser templo de Dios?

Publicaré tu escrito en este sitio web donde podrás también ver las reflexiones de otros, lo que nos ayuda tanto en el compartir como en el aprender del otro.  Por favor manda tu reflexión a permanecerensuamor@gmail.com

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