La pobreza del corazón, la primera Bienaventuranza, que en inglés se traduce como “Beatitude”, me hace reflexionar que Beatitud viene de la palabra Belleza. La pobreza del corazón es entonces lo que es bello en el alma que además da como regalo el Reino de Dios.

La pobreza de la oración está ligado a la belleza del Espíritu. Y cuando hablamos del Espíritu podríamos pensar que es invisible, inaccesible e intocable. Sin embargo, el Espíritu se manifiesta como el hilito dorado que desdobla los grandes y pequeños acontecimientos de nuestra historia – y estos acontecimientos traen una variedad de marcos y señales que enaltecen el evento y nos re-colocan en el río cósmico del Amor.

La meditación cristiana nos despierta a la dimensión ´pobreza-belleza´ en el sentido que nos permite limpiar, despejar, abrir la ventana y ver con claridad. Vamos eliminando lo que no es importante y seleccionando aquello que nos lleva a Dios.

Despertamos a la belleza de sus señales, las captamos con más facilidad – y al estar alerta a ello, entramos al misterio de la pobreza – provocando así un círculo virtuoso de la pobreza de la belleza y la belleza de la pobreza.

Lucía Gayón

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