Creo que la experiencia de la muerte podría ser paralela a la conciencia de un bebé en gestación que no sabe de qué trata el nacimiento, o vivir fuera del útero materno – acostumbrado a no respirar, a no comer por la boca, a no ser tocado, acariciado, besado. A estar en una especie de obscuridad-penumbra pero perfectamente cómodo. Tal vez así nos pasa – experimentamos la Vida así como se nos presenta y luego imaginamos cómo podría ser la muerte. Podemos pensar que sería como la ausencia de lo que conocemos y si lo que conocemos para nosotros es “todo”, entonces la muerte con su ausencia del todo nos llevaría a la nada. Claro, esto está sujeto a la subjetividad de nuestro conocimiento y nuestros puntos de referencia.

No podemos explicar intelectualmente lo que es la muerte, pero podemos tener una especie de sensación, o intuición cuando se acerca el momento de morir. A muchas personas puede resultar una experiencia de miedo a lo desconocido – para otros, una gran paz. Y creo que finalmente, aún con miedos o resistencias,  la muerte nos lleva a experimentar la  paz.

Morir es tocar la nada – algo similar nos pasa cuando meditamos. Hacemos silencio interior y dejamos volar nuestras fantasías, nuestros problemas o preocupaciones. Y lo hacemos repitiendo nuestra palabra sagrada confiados en el Silencio que vamos descubriendo y que se nos va dando.

La primera vez que meditamos dimos un paso enorme de fe y de confianza. Todas las veces que meditamos esa fe y confianza se va haciendo más sólida por lo que confío que en el momento de morir pueda yo hacerlo con la misma confianza con la que hoy medito.

Lucía Gayón

Aprende a meditar – dale click a las imágenes que irán apareciendo desde este enlace.

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