¿En qué consiste conocer a Dios?

¿En qué consiste conocer a Dios? Probablemente muchos responderán que se trata de acatar ciertos dogmas y ciertas prácticas rituales. No se necesita ser muy perceptivo para darse cuenta que no es posible acercarse a Dios con categorías filosóficas o formulaciones teológicas; las palabras difíciles son un engaño. Y, aunque quienes deseamos acercarnos a Dios por la vía del amor hayamos relativizado ese dogmatismo, lo cierto es que muchas veces (muchísimas) convertimos al silencio, la meditación y la contemplación en un nuevo tipo de dogma y práctica ritual. Personalmente percibo que, con demasiada facilidad, tiendo a revestirme de un aura distante de superioridad; el silencio, el disfrute de la Presencia de Dios, se vuelven medios para un fin egoísta: MI paz, MI disfrute, MI realización. Y eso no pasa de un engaño, tanto o más pernicioso que querer encerrar a Dios en filosofías o fórmulas dogmáticas.

Si la práctica de la meditación, el silencio, y la Presencia Divina no me mueven al amor, la compasión y el servicio, puedo estar seguro de que estoy apoyado en un fundamento falaz. El conocimiento de Dios jamás está separado de la expresión, por imperfecta que sea, de su carácter. La comunión con el Señor nos transforma; si no soy transformado, entonces puedo saber que, por más silencioso, pacífico y beatífico que me sienta, no tuve la más mínima comunión con el Padre, por medio del Hijo en el aliento del Espíritu Santo.

Las palabras de Jesús en Mateo 25.31-46, que normalmente son leídas como una profecía sobre un futuro distante, un dogma escatológico, o sencillamente como una fábula moralizante, nos dan una pauta concreta de qué significa “conocer a Dios”. Hablando de conocimiento, el texto es totalmente paradójico. Conocer a Jesus, creer en Él, ser sus discípulos y discípulas tiene poco o nada que ver con la acumulación de informaciones, dogmas y prácticas religiosas (incluyendo la meditación); más bien se trata de ser compasivos, amorosos y hospitalarios con los más débiles, marginados y despreciados. La norma del juicio no es el “conocimiento de Dios”, sino la bondad. Es fácil creer en historias, doctrinas y rituales, pero eso no vale de nada a los ojos del Rey Jesús si carecen de amor y misericordia.

En las palabras del Maestro, los que vistieron al desnudo, alimentaron al hambriento, visitaron al preso y al enfermo, no “conocían” a quién lo hacían. Solamente fueron compasivos. Sin “conocer” fueron llamados Benditos del Padre. Por el contrario, los “conocedores” se negaron a vestir al desnudo, alimentar al hambriento, visitar al preso y al enfermo; y se excusaron dejando ver que, si hubieran reconocido a Cristo le hubieran servido.

Es lamentable comprobar cuántos “cristianos” nos consideramos tan espirituales que olvidamos que no es la ortodoxia o nuestras prácticas espirituales, sino la compasión, la generosidad y el servicio lo que Jesús tendrá en cuenta al juzgar. Conocer a Dios es adentrarnos en su Presencia, deleitarnos en su comunión, y compartir su gracia y su misericordia con quienes fueron también creadas y creados a su imagen y semejanza.

Andrés Ayala

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One thought on “¿En qué consiste conocer a Dios? – Andrés

  1. Hoy, meditando el evangelio de Lucas 19, 11-28, me preguntaba ¿Cuál es el camino que debemos seguir para alcanzar el reino? ¿Qué significa amar y seguir a Jesucristo? Y pienso que en este evangelio y muchos otros queda claro que el camino es salir y servir, es pasar de la lectura de la Palabra, de la oración, de la meditación a la práctica, por mucho que leamos, por mucho oremos, por mucho que meditemos si no salimos a la práctica, a servir a quien lo necesite, a ver en cada persona a Jesucristo y darle la mano, apoyarlo, escucharlo, ponernos a su lado no hemos entendido nada y hacemos lo mismo que los Fariseos del tiempo de Jesús, pura fachada, puro ego, todo por mí y nada por los demás.
    Como dice Santiago 2, 14-17 La fe sin obras, muere sólita o como nos lo enseña Jesucristo en Mateo 25 , cuando lleguemos al Juicio Final, la base del mismo serán los frutos que hayamos producido con los Dones que Dios nos dio, si los guardamos para nosotros y no los hacemos crecer en nuestra comunidad, con nuestro prójimo iremos al castigo eterno, por contrario si hemos producido frutos con ellos iremos a la vida eterna.

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