Construcción del Templo

“¿Acaso no saben ustedes que son templo de Dios, y que el Espíritu de Dios vive en ustedes?” 1 Corintios 3.16

Teólogos, filósofos, místicos y maestros de todos los tiempos han debatido sobre el propósito fundamental de la vida humana. Cada uno de nosotros también lo hace, de una forma u otra. Más allá de las especulaciones, todos percibimos en nuestro interior que el fin principal de la vida humana es expresar la voluntad divina, y alegrarnos en la comunión con Dios. Esto no es algo que suceda con ruido y pompa, sino una tarea invisible, silenciosa y, por lo tanto, descuidada por la mayor parte de la humanidad. Sin embargo, es la razón fundamental y el secreto de la vida.

En todo momento, por los pensamientos que ideamos, las creencias que aceptamos, los planes que hacemos en la intimidad de nuestra mente, estamos edificando nuestro bien o mal, nuestro éxito o fracaso, nuestra felicidad o sufrimiento. Esta constante actividad espiritual es ilustrada en la Biblia por el Templo. Este magnífico edificio, en la construcción del cual estamos constantemente ocupados, es nada menos que nuestro propio pensamiento, nuestras propias palabras, nuestras acciones, o sea, la historia misma de nuestras vidas como seres humanos.

“En la construcción del templo se emplearon piedras totalmente labradas, así que al edificarlo no se escucharon en el templo ni martillos ni piquetas ni ningún otro instrumento de hierro.” 1 Reyes 6.7

El Templo de Salomón representa, en las Escrituras, el lugar más íntimo del espíritu humano, en el cual Dios está siempre presente y habita eternamente. Las piedras, las columnas, las puertas y el altar son símbolos que ilustran el encuentro íntimo con Dios en la cámara interior del espíritu humano. La Biblia relata dos cosas sorprendentes acerca de la construcción de aquel imponente edificio: Fue construido sin ruido alguno, y fue construido sobre una roca. Así es como se edifica el Templo interior, en silencio y afirmándonos en la solidez de la verdad divina.

“Tú, cuando ores, entra en tu recámara, cierra la puerta y ora a tu Padre en secreto. Y tu Padre, que ve lo que haces en secreto, te dará tu premio.” Mateo 6.6

Andrés Ayala

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