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Cuando nos animamos y nos entregamos a la experiencia de meditar a la luz del amor de Dios, si esa entrega es verdadera y profunda, algo sucede en nosotros. Poco a poco el espíritu se va aquietando, empezas a “escuchar” la Palabra en el silencio, la conciencia se va preparando para entender con mayor atención por dónde es el camino. Ese estar más atento va generando transformaciones, vas conociendo más quién sos y quien querés ser. Eso es para mí la conversión, abrir el corazón al Amor, el compromiso luego es hacer algo con eso que va transformando el alma y se irradia en los demás. Serían los frutos de la meditación, poner en acción lo que Dios hace en vos, para vos y para los demás, cada uno tendrá que descubrir cual es el propio camino. Una vez que podemos sostener la meditación cotidiana, podremos vivir el devenir de la vida con mayor o menor dificultad, según los momentos personales, pero hay un horizonte, hay dónde buscar la Verdad y el sosiego. Los invito, los acompaño y los Bendigo en este camino que es un regalo de la gracia infinita de Dios.

Patricia Di Marzio

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