Elijo el último párrafo. No es nuestra tarea ni la de los religiosos aplacar a Dios o mantenerlo distraído. Debemos abrirnos a su Amor. Cerrar la brecha que existe entre creer en Dios (una actividad intelectual) y experimentar su presencia (una tarea vivencial) Dios no debe ser calmado, no es su naturaleza agresiva. Sólo nos pide que nos unamos en Él en amoroso silencio. La quietud es el camino espiritual para llegar a la plenitud de nuestro ser. Y debemos buscarla a lo largo de toda nuestra vida.

Alicia Gundín

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