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´La Cuaresma no es un período para darnos gran importancia dándonos de golpes de pecho o lamentar nuestros pecados. La Cuaresma es el período para prepararnos para la gloria de Cristo, para la gloria de la Pascua, para la gloria Pascual. Lo hacemos, no concentrándonos en nuestros pecados, pero olvidándonos de nosotros mismos y abriendo nuestro corazón al Señor Jesús.

Nuestra meditación diaria es el poder entrar a esta suprema convicción que Dios se nos ha revelado en Jesús y que Jesús se nos revela en nuestro corazón. Si solamente pusiéramos atención, si solamente estuviéramos en silencio, si solamente fuéramos sencillos, humildes y obedientes. Y para poder aprender a ser obedientes, sencillos y humildes, debemos repetir nuestra palabra. Nuestra esperanza está basada en la suprema bondad de Dios. Y la esperanza se hace personalmente real en la suprema bondad que El nos ha dado en Jesús. Mira lo que dice San Pablo:

“Hermanos amados de Dios, sabemos que Él los ha escogido, porque nuestro evangelio llegó no sólo con palabras sino también con poder, es decir, con el Espíritu Santo y con profunda convicción. Como bien saben, estuvimos entre ustedes buscando su bien.” (Tesalonicenses 1:4).

Extracto de: Moment of Christ, del Padre John Main traducido por Lucía

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