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Cuando era niña y me llevaban a la iglesia y me mostraban el crucifijo con una estatua de Jesús muerto, con la corona de espinas, sangrando, con los clavos en las muñecas y en los piés. Me decían: “El murió POR tus pecados”. No podía yo entender como podía yo ser tan mala para haber sido capáz de matar a Jesús. Mis pecados realmente no eran pecados. Confieso que esa imagen de Jesús me causaba pesadillas y me despertaba espantada durante la noche – tenía yo como 4 o 5 años entonces.

Después, analizando la frase “El murio POR tus pecados” entendí que había otro sentido. Que no era a causa de mis pecados que Jesús hubiera muerto, sino que El moría para redimir mis pecados. De nuevo me decía yo que tan mala puedo ser como para que Jesús haya hecho esto por mi.

Por muchos años la palabra “cuaresma” me traía esos recuerdos y también, de forma muy clara, los desfiles en la Col. Roma donde unas mujeres vestidas de negro con mantillas y peinetas, caminaban con un ataud transparente con Jesús adentro y junto una estatua de María llorando. Todo ese dolor era porque El había muerto POR mis pecados.

No había manera de que hiciera yo suficientes sacrificios, que me esforzara por ser buena, que me confesara, si cada año ocurría lo mismo. Jesús moría cada año por mi culpa o por (no sé qué) de mis pecados. Y además no tenía yo salida, me sentía en una ratonera cuando cada miércoles de ceniza, un sacerdote me decía que me convertiría en polvo!

Cuaresma por lo tanto ha sido una experiencia negra, de miedo, un laberinto sin salida y más en nuestra cultura en que hacemos más énfasis en el viernes santo en vez del domingo de Pascua.

Afortunadamente cuando salí de México y conocí a Father John Main pude descubrir el significado de la cuaresma que para ahora ya es luminosa para mi. Descubrí a través de la meditacion cristiana, que Dios me ama así como El me hizo, con defectos de fábrica, unos medio tapados, otros medio maquillados, otros que ahí siguen, otros nuevos adquiridos en el camino, otros que se fueron superado gracias a su Gracia en el factor tiempo.

Cuaresma como ahora lo entiendo – a varios años luz de mis primeras experiencias de Cuaresma, es más bien un periodo de pobreza, de ejercer la pobreza y aceptarme con los defectos de fábrica sin darles mucha importancia. Es tiempo de pobreza y de puricación en la luz de la Resurección que ya es. Jesús no muere cada año – una vez bastó. Su Pascua es única en el parte-aguas del tiempo que hizo llamar a nuestra era ´Después de Cristo´. Las puertas del cielo están abiertas desde hace mucho tiempo.

Recordamos a Jesús y los ricos episodios de su vida incluyendo el pasaje por la traición y por la muerte; por su ausencia de tres días para luego encontrarlo vivo, en pleno esplendor. Un Jesús que está hoy aquí contigo y conmigo; un Jesús sonriente y que nos abraza y consuela y nos llama y nos pide que lo contemplemos, que seamos con El, en su luz – para siempre.

 

Lucía Gayón

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