De la creencia a la experiencia

Es por la Gracia de Dios que nos vamos moviendo de la creencia a la experiencia, que va ocurriendo cuando vamos desenvolviendo el regalo de la meditación cristiana. Iniciamos el camino con entusiasmo y también con cierto escepticismo. “¿Esto es para mi?” “¿Esto resuelve mis problemas?” “¿Tendré las cualidades para ser meditador?” “Tal vez no soy bueno para esto; me distraigo cada rato”.

Pero pasamos esa etapa cuando lealmente encontramos el tiempo para meditar y de pronto estas preguntas se disuelven. Hemos comenzado a movernos de la creencia a la experiencia

Nuestro concepto de religión y/o de relación con Dios estaba basado en creencias como las creencias fantásticas de Dios; o las creencias de un dios imposible de contactar; la creencia de un dios tan “todopoderoso” que nos vigila constantemente y que anota nuestras acciones en el libro blanco o en el libro negro para luego o darnos el premio de la “eternidad” o el castigo de las llamas del infierno. O el dios de nuestra infancia disfrazado de Santa Claus; o el dios mago que encuentra mis llaves que perdí o que me va a conceder el deseo más grande de mi vida.

Al meditar, tanto los conceptos como las creencias van pasando a un segundo plano y se van deslizando hasta desaparecer de nuestra historia. Dejar ir estas creencias requiere de algo muy fuerte que las desplace. Y eso fuerte es y tiene que ser la experiencia misma. Entonces ya nadie nos platica qué o quién es Dios. Ya lo estamos experimentando, estamos aprendiendo a vivir en su presencia.

Cuando descubrimos ese hilito que nos lleva a Él directamente, ya no hay marcha para atrás. Aprendemos a tomar el Reino de Dios de una forma categórica. Por eso no meditamos un poquito; meditamos totalmente, al 100%, dando prioridad a nuestro Amado.

Lucía
Ixtapa, México

¿Te gusta el escrito de Lucía? Compártelo con tus amigos e invítalos a iniciar el camino de la meditación cristiana – dale click a los iconos de abajo de las redes sociales.