meditacion-cristiana-25

Tomar la cruz señala una elección libre del alma, pero señala a la vez algo más sutil y cierto, señala que se ha producido ya el encuentro con EL.

En el proceso de purificación, de sentirnos solos, olvidados, pequeños, ignorantes, débiles, ofuscados, paralizados, la Presencia de Dios se va imponiendo con suavidad, al sentir su amor, toda nuestra vida se transforma.

La cruz significa el paso de toda falta de amor, al amor. De vivir sin sentido a encontrar pleno sentido en el amor de Dios mismo.

En nuestras vidas hubo, hay y habrá incontables cruces.

Como todo tiene que ver con todo. Pedir “el pan de cada día”, es pedir lo que se necesita y que Dios ya lo sabe, a fin que la cruz de ese día se transforme en vida verdadera.

Dios es Presencia amorosa y pura, no puede negarse a si mismo nos abraza siempre somos nosotros los que debemos estar atentos y centrados en El, para ser unos con El, por El y en El.

Las innumerables cruces a veces insignificantes, son instrumentos de bien, gracias a ellas se nos va diciendo lo que nos falta para llegar a ser como fuimos pensados, como también nos dan los más diversos datos, tanto de la cercanía de Dios, o Presencia, como datos de nosotros mismos en relación a todo lo que existe y sobre todo en relación a nuestro prójimo.

Las cruces nos da un conocimiento distinto acerca de como reaccionamos, como aceptamos, como discernimos, como enfrentamos las pruebas, las contrariedades, si somos tolerantes o no. Etc. etc.

En este caminar el seguirlo, el estar en El, nos mantendrá concientes, vivos, amorosos, nos mantendrá firmes y seguros, seguirlo a Jesús, escuchar su palabra, tenerlo siempre en nuestra memoria, entendimiento y voluntad, al punto de sentirnos inmersos en El mismo.

El meditar, el contemplarlo nos lleva a descubrirnos sin maquillajes, pero el lenguaje divino es diverso que el nuestro, no se trata de agregar la cruz de la culpa, sino estar despiertos y encendidos en su Amor, querer ser de El, saber que si nos confiamos a El, el gozo nos espera, el gozo de estar en El para siempre.

Alicia Vinent

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