Para vivir el misterio pascual desde una auténtica perspectiva cristiana, hay que descender hasta lo más profundo del ser de cada uno. Al llegar a esa dimensión, nuestro ser adquiere quietud, paz, serenidad. Y eso es porque uno se ancla en lo genuino, lo verdadero.Es un camino que debemos llevar a cabo sin desmayos todos los días de nuestra vida.

Alicia Gundín

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