El proceso de nuestro despertar espiritual, es secreto y misterioso, Dios liberalmente decide cual será la manera más provechosa para cada alma.

La meditación nos lleva a la contemplación, nos llevará a ver en todo a Dios, a mirar toda nuestra vida y la vida en general a partir del Amor Divino.

Por ser quien somos, caeremos, pero en el meditar no hay retorno, iniciamos un camino por así decirlo de iluminación, y entre tantas cosas que se nos regalan estará el de nuestras caídas, que si bien lo haremos, ahora nos detendremos, cuando antes ni nos dábamos cuenta, ni lo que hacíamos, decíamos o pensábamos.

El que ora recibe siempre luces, en este hacer precioso, “elegimos la mejor parte” Dios nos llama a ser sus Juanitos, se nos va dando luces, para agradecer de manera nueva, más concientes de lo que recibimos de manera absolutamente gratuita.

Y así frente a cualquier caída percibimos la gracia escondida, el llamado amoroso a una constante conversión.

Atentos a El, descubrimos que cada caída está llamada a transformarse en gracia, pues el anhelo de Verdad y bien se acrecienta.  Al caer hoy necesitamos imperiosamente levantarnos y volver a El, pues nos hace padecer sentirnos fuera de la gracia, regresar, estrechando aún más los lazos y el abrazo, con el Sol de Justicia, el Amor hermoso.

Así Dios que obra en lo secreto va llevándonos de manera imperceptible a vivir que cierto es que el Reino de Dios siempre está dentro nuestro.

Vivimos inmersos en El, y nuestro consuelo mayor es que está al alcance de todos, que podemos pedir por todos y se nos permite hacerlo en cierta forma a su manera..

Cuando empezamos a meditar, la misericordia de El se manifiesta, se nos manifiesta. Por un lado el Amor obra de manera sutil, delicadamente, actúa casi imperceptible y solo en la medida que podamos soportarlo y así se nos dará noticias de su Amor, nos contagiará su Amor nos encenderá en su Amor hasta que logremos vivir plenamente la Verdad que nos hará libres.   Viviremos asombrados y maravillados pues el respeto humano desaparece, el ego se diluye, todo se simplifica, nos llevará a ser misericordiosos, con nosotros y los demás.

El camino es largo, pero vale la pena. En cada misa se nos dice: “En El nos movemos vivimos y existimos”.

Lo cierto es que a partir de confiarnos a El, la cena con El es eterna…entregados a meditar con gozo y agradecimiento veremos que nuestra vidas se irán colmando de su Paz y de su amor.

Eso es la meditación: ubicar nuestra mente
en el Reino, en el poder de Dios,
en la realidad divina.

Mirad los lirios, cómo crecen, no labran ni hilan,y os digo que ni Salomón con toda su gloria se vistió como uno de ellos. Y si así viste Dios a la hierba del campo que mañana es echada al horno, ¿cuánto más a vosotros, hombres de poca fe? No os preocupéis por la comida o la bebida, ni estéis en ansiosa perplejidad. Porque todas estas cosas buscan las gentes del mundo, y vuestro Padre sabe que las necesitáis. Procurad el Reino de Dios, y todas estas cosas os serán añadidas” (Lc. 12, 27-31).

Desde el amor infinito de Jesús y María,

Alicia Vinent

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