Difícil de creer que somos infinitamente amados

Difícil de creer que somos infinitamente amados! Por eso es que puede ocurrir que nos deslumbremos por las cosas, el poder, el dinero, la fama, la moda, el deseo de poseer – y por más que tratemos de conseguir eso, más frustrados nos sentimos.

Podemos tomar vías destructivas hacia otros tratando de controlarlos o manipularlos y si no actúan como nosotros queremos, surgen los celos, la violencia, el arrinconar al otro para hacerle sentir inepto porque no hace o no nos da lo que nosotros queremos. Lo hacemos sentir culpable de lo que no nos da libremente por lo que cualquier intento del otro de complacer, siempre queda corto.

También podemos destruirnos a nosotros mismos con la enfermedad de la inseguridad que se manifiesta en un montón de cosas para llamar la atención: enfermedades ficticias que se hacen reales, dramas de cualquier cosa, tristeza limosnera, querer tener siempre la razón al punto que ni nosotros nos lo creemos. Nos amparamos con banderas políticas, con mojigatería fundamentalista, somos los que más golpes de pecho nos damos y nunca nos sentimos dignos de nada. O bien, adoptamos al monstruo del perfeccionismo y todos tienen que vivir con él.

Si hoy tuvieras una cita para cenar con Jesús para conversar como les ha ido a los dos, te puedes imaginar a un Jesús fomentando cualquiera de estas vías destructivas? Haciéndote sentir mal por tus imperfecciones?

Jesús ha llegado a tu casa y a la mía y aquí está – charlamos, trabajamos, hacemos planes, hacemos bromas, reímos, nos cuidamos y nos amamos!. El está al pendiente de mi. Respeta mi necesidad de silencio, mis decisiones y mis torpezas  y cuando cometo un error, nunca me sermonea – me abraza. Hay momentos de suspenso en nuestra vida que no sabemos qué va a ocurrir y quisiéramos tener respuestas pronto. El nos enseña el arte de esperar y cuando esperamos con su esperanza todo se arregla.

No siempre podemos ganar todas las batallas y podemos sufrir por ello – lo que ocurre es que hay algo mejor a la vuelta de la esquina – algo que no habíamos visto a pesar de que pasamos por ahí con frecuencia.

Y es que Jesús es el maestro de nuestros despertares pero para despertar tenemos que cerrar nuestros ojos y con toda nuestra lealtad y Amor repetir nuestra palabra sagrada.

¿Qué pasa en el momento que creemos, sentimos y sabemos que somos infinitamente amados?  Descúbrelo!

 

Lucía Gayón

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