Dios nos llama a reposar en Él

“No es por el poder ni por la fuerza, sino por mi Espíritu, dice el Señor de los Ejércitos Celestiales.” Zacarías 4.6

Condicionados, como estamos, por el activismo y el deseo de logros, solemos considerar la pasividad como un defecto. Pensamos que nosotros debemos hacer, realizar y conseguir. A lo sumo pedimos a Dios la fuerza para alcanzar nuestras metas, pero en última instancia el realizarlas está en nosotros. Sin embargo, Dios nos llama a reposar en Él, a confiar nuestros anhelos, nuestras tareas, nuestra vida entera, en sus manos amorosas. La agitación nos impide percibir el refrescante soplo del Espíritu; solamente la quietud nos permite percibir la armonía, la belleza y la justeza de la acción de Dios en todo el universo.

“Dios, según su bondadosa determinación, es quien hace nacer en ustedes los buenos deseos y quien los ayuda a llevarlos a cabo.” Filipenses 2.13

El magnetismo puede servirnos como un ejemplo ilustrativo. Si acercamos dos polos positivos, éstos se repelen. La atracción pasa siempre desde el polo positivo al polo negativo y nunca de otra forma. Dios es el eterno positivo, y si nos esforzamos por ser positivos, en el sentido de la ilustración, lo que hacemos es volvernos reactivos a la acción divina. Contrariamente, cuando permanecemos pasivos, o “negativos” (en el sentido que tiene en la corriente magnética), nos hacemos receptivos a la inspiración de Dios, al bien de las oraciones de otras personas y todo el bien que el Padre derrama generosamente en el Universo.

Andrés Ayala

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