El Amor evoca plenitud, paz cristalina, sentido y pertenencia. Fusiona mi ser en la persona que verdaderamente soy, me libera del antefaz de multiples personalidades ficticias. Me habla de auténtica dicha, de ingenuo asombro, de renovada primavera. Me lleva hasta la cima, la cumbre genuina de la Verdad y de la Vida, en aquella zona preadanítica donde sólo Él puede llegar: en las entrañas del misterio insondable de mi existencia, misterio infinito de la existencia de Dios.

Mari Cris

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