El desapego y la transformación ….son solo patrimonio de Oriente…?

Aquí unos versículos de la epístola de San Pablo a los Efesios. Los invito a leerla. Luego les comparto una breve reflexión.

Efesios 4:22-24
22 A que dejéis, cuanto á la pasada manera de vivir; el viejo hombre que está viciado conforme á los deseos de error;
23 Y á renovarnos en el espíritu de vuestra mente,
24 Y vestir el nuevo hombre que es criado conforme á Dios en justicia y en santidad de verdad.

A lo largo de mi vida y en particular en el actuar en empresas y organizaciones, he visto sufrir mucho a familiares, amigos y colegas en los procesos de crecimiento y adaptación que la vida conlleva.

Entonces hemos emprendido búsquedas en procura de alivio y superación, muchas veces mirando hacia oriente como fuente de sabiduría y en particular haciendo doble click en el tema del desapego.

Los latinoamericanos nacimos, crecimos y vivimos en un contexto cristiano. Es decir, podemos no serlo, pero la sociedad y la realidad a nuestro alrededor está moldeada sobre principios cristianos.

En algún momento esto me llevo a considerar que o bien todo Occidente es perverso y malvado…o bien tal vez no estamos mirando bien y como dicen los estadounidenses estamos tirando el bebé junto con el agua de baño ….

El Dalai Lama, por ejemplo, nos alienta a buscar en nuestras propias tradiciones la fuente de espiritualidad que nos renueve, nos colme el corazón y el alma y nos impulse a vivir con alegría, a desarrollar nuestros talentos y potencial, a servir, a ser útiles, a amar y a alcanzar así la plenitud.

Soy cristiano y como tal ( siguiendo la guía de Cristo) amo a todo prójimo (cualquiera sea su credo) como a mi mismo.

Pero a aquellos desahuciados con el cristianismo o más específicamente con el catolicismo, los invito mediten palabra por palabra estos versículos de San Pablo. Encontrarán mucho significado – coincidente con el de otras tradiciones espirituales – con relación al cambio, la transformación, la renovación ….las fuerzas para seguir….la metanoia.

Un gran abrazo!

José María Chaher

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