El despertar espiritual

“Estamos orando cuando estamos despertando a la presencia del Espíritu en nuestro corazón.” (Father John Main)

El proceso de ir despertando ocurre de muchas formas. Podemos pensar que el darnos cuenta del Espíritu en nuestro corazón ocurre solamente como le paso a Pablo al caerse de un caballo. Algo así como una experiencia radical y extrema.

Cuando físicamente despertamos, sucede de una forma natural y simple. Si nos observamos vemos que primero algo se despierta en nuestra mente, luego podemos sentir lo externo (luz, sonidos, ruido, el movimiento de otros), luego, o simultáneamente, abrimos los ojos – vamos pasando del sueño al ensueño (por decir, esa etapa en la que aún no estamos totalmente despiertos). Luego abrimos los ojos, nos movemos, cada sentido se abre, salimos de la cama, caminamos – nos vamos como re-configurando para las siguientes horas de nuestro día.

Así también va sucediendo con el despertar espiritual – nos vamos percatando de lo que ocurre en nuestra alma cuando oramos, que es lo que nos lleva a aprender a estar atentos. Contrariamente al despertar físico que se manifiesta en el movimiento, en el despertar espiritual estamos más atentos, más quietos y en silencio.

El despertar espiritual es sutil y no siempre es perceptible porque ocurre desde muy dentro. Es como haber sembrado una semilla y no ver qué pasa cuando está bajo la tierra. De pronto nos percatamos de cosas que antes no veíamos; de pronto se abren canales de la mente y del corazón que nos permiten escuchar y ver mejor. De pronto captamos señales, como las que vienen en los sueños. De pronto vamos viendo una configuración más sólida de nosotros mismos, más atenta, más congruente y más valiente.

Esa configuración personal es la razón de nuestro paso por este planeta. No es un proceso fácil porque la mente nos atrapa y nos distrae; caemos en hábitos destructivos, nos olvidamos que somos hijos de Dios. Como es difícil, necesitamos descubrir, en este mismo proceso de despertar, al Espíritu en nuestro corazón y aceptar el regalo de Dios-Amor. Cuando lo tocamos, cuando nos percatamos de ello, la configuración toma su cauce de libertad, de alegría, de compromiso, de agradecimiento a todo.

Lucía Gayón
Ixtapa, México

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