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En un principio, cuando en búsqueda de una vía espiritual, mi interés se centraba en qué métodos podrían ofrecerme mayores resultados. Eso me llevo a querer encontrar una certeza y confianza científica que los validara. Comencé por la práctica de la magia ritual, ya que la abundante bibliografía sobre la explicación teórica y práctica para el manejo de fuerzas ocultas me facilitaba ese camino. Después, previendo ese camino como peligroso, mi interés cambio por el Yoga. Practique yoga, vía internet, de manera irregular durante un año, pues me agobiaban las instrucciones semanales, los ejercicios de Hata yoga, ejercicios antes de comenzar la meditación, las afirmaciones de la semana, el japa de cada día, etc., y me di cuenta que era tal mi rigidez y el empeño de querer hacer todo aquello, que realmente no disfrutaba tal práctica. Luego, decepcionado, me volví sobre la práctica de mi religión católica: los rezos, las oraciones y la misa ocuparon el centro de mi espiritualidad, pero la lectura de los santos católicos me llevo a la práctica de los ejercicios espirituales de San Ignacio de Loyola, con material para cada semana vía internet, durante solo treinta días. Pero sentía la necesidad de algo más, había un vacío de un ansia intelectual por saber si estaba en el camino correcto. Ansia que solo se satisfacía con la lectura de diversas fuentes en un intento por encontrar el mecanismo científico de tales prácticas, descuidando mi práctica espiritual. Entendí que podría llevarme toda la vida leyendo al respecto y jamás practicar verdaderamente, pensando que una vez terminada mi ansia de saber, podría entonces sí practicar. Fue entonces que encontré la meditación cristianan del Padre John Main, y simplemente me decidí a practicar.

La simplicidad de la meditación cristiana de John Main, me mostro que la ilusión del ego, es uno de los mayores obstáculos. La ansia de saber, la ansia poder, la ansia de prodigios, la ansia de obtener de Dios todo lo que quisiera, la ansia de querer que Dios se entregue a mí, y no que yo me entregue a Dios. Todo desde el centro de una egolatría que aspira con arrogancia a querer más sin entregar nada a cambio. El ego como ilusión, en mi caso, es la que me ha dificultado crecer espiritualmente y como persona. Esa ilusión que considera que se presente como una falsa identidad de lo que creemos ser, por toda una historia de vida llena de condicionamientos e introyectos fuertemente arraigados en nuestra personalidad. Detrás de la cual se esconde la verdadera identidad por descubrir, hacia ese paso me lleva la meditación cristiana.

Saludos fraternales!!!

Rigbel Manzano

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