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En primer lugar, consideraría el tema del mantra de una manera diferente si la persona fuera creyente o no. En el primer caso, le diría que se trata de una palabra o frase que, pronunciada mentalmente y con toda nuestra atención puesta sobre ella para que resuene con intensidad, nos ayuda a concentrarnos en nosotros mismos y, de ese modo, a estar más unidos o consustanciados con la persona de Jesús. O sea, a ser Uno con Nuestro Salvador y, así participar con el Todo que es lo Creado. Aclararía que es una tarea ardua, que suelen aparecer dispersiones, pero que esto no es un problema, ya que la simple utilización del mantra nos permite volver a nuestro centro, que es el fundamento de nuestra más auténtica esencia personal.

En el segundo caso, le explicaría que la palabra o frase que llamamos “mantra ” cumple la función de facilitador en nuestro deseo de permanecer en el presente. Al cerrar los ojos y pronunciarla mentalmente, estamos haciendo más fácil nuestro camino de estar aquí y ahora. Y nos ayuda a disipar las distracciones. Cuando éstas sobrevienen, volvemos a ella simplemente.

Como se advierte, no digo qué palabra o frase hay que elegir, pues hay distintas opiniones al respecto. Algunos usan el Maranatha, otros simplemente el nombre de Jesús.

Alicia Gundín

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