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La palabra soledad puede significar dos cosas: 1. Aislamiento o abandono. 2. Soledad creativa.

Si utilizamos el primer término, no queremos estar aislados o abandonados, huimos de la soledad porque nos causa miedo – nos colgamos de lo primero que pase o a lo que se nos ocurra para no estar solos. Producimos ruido externo e interno para amortiguar el horror al aislamiento o al abandono o lo que le llamamos “soledad”. Actuamos de forma desesperada, desenfrenada y sin sentido. Tememos quedarnos perdidos sin ayuda, caer en el “laberinto de la soledad”.

Si vemos la soledad creativa se nos abre el mundo, la conciencia, la creatividad, la energía, la felicidad. Recordarás tal vez alguna escena de tu niñez cuando jugabas solo o coloreabas un libro, o construías algo con bloques de madera o con legos o te ponías a construir vías para tu tren, o jugabas con tus muñecas y les ponías nombres, les dabas clases y hacías que ellas hicieran lo que tú hacías. O ya en la escuela, te embebías con algún proyecto en clase. ¿Has leído un libro que no puedes soltar? O te has puesto a tejer poniendo toda tu atención en cada punto?

A veces perdemos el sentido de la soledad creativa o no nos percatamos que estamos en una actividad de soledad creativa. Pero más que el “hacer” para no sentirnos aislados, es comprender profundamente la necesidad de la soledad y de abrazarla.

El camino de la meditación es un camino de soledad luminoso y creativo – es un proceso – vamos caminando, vamos aprendiendo a no solo “estar” solos, sino a hacer de la soledad el espacio interior donde nos configuramos. Nos configuramos con quienes somos, con nuestra características propias y únicas; nos configuramos a partir de las lecciones aprendidas; nos configuramos con lo que es real y auténtico de nosotros. Este proceso de configuración puede tomar mucho tiempo o tiene el peligro de que nos atoremos dándole vueltas.

El camino de la meditación acelera el proceso de configuración personal pues nos lleva directamente al centro de nuestra alma – ahí justamente donde reside Jesús. Si llegamos al centro, como ocurre a través de la meditación, la configuración personal se hace sólida y firme – se arraiga al Amor de Dios.

Sabernos amados, saber que nuestro centro es El cambia nuestra historia para siempre – la soledad es el mismo Espíritu Santo dándonos sus frutos!

Lucía Gayón

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