Enamorse y la muerte

Este camino, como lo he sugerido, es un camino para morir y un camino para vivir. Mientras estamos repitiendo nuestro mantra, estamos muriendo a la cosa más difícil del mundo. Morimos a nuestro egoísmo, a nuestro auto-centralismo y vamos más allá de nuestra auto-conciencia. Y la razón es simplemente que mientras estás repitiendo tu mantra, no estás pensando en ti mismo. Estás poniendo atención al mantra. En el transcurso de tu vida aprendes a decir tu mantra con un profundo y mayor abandono, con un mayor y más fuerte fe, vas entonces muriendo a todo aquello que te impide tener una vida de plenitud. Nuestro destino es la plenitud de vida. Como dice Jesús, ´Yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia´. (Juan 10:10). Mientras morimos al ego resucitamos a una vida que nos sorprende por su riqueza infinita, por su maravilla y, sobre todo, por su absoluta libertad de espíritu. La meditación es un proceso de sanación. Lo que se cura es la herida esencial que todos tenemos: la herida del ser dividido que nos separa de nosotros mismos, de otros y de Dios, y, por lo tanto, de nuestro pleno potencial.

Me parece imposible convencer a la gente de la meditación solo con palabras. No tiene sentido discutir porque cualquier persona que medita comienza haciéndolo porque reconoció la verdad de esto. Respondió. Tal vez hasta lo recordó porque esto parece ser que aclara y permite recordar su sentido más profundo al significado de la vida. Esto es simplemente la forma en que la realidad está construida. Si alguien desea encontrar su vida, primero debe perderla. Sabemos desde nuestra experiencia ordinaria que esta es la forma de las cosas. Lo que tenemos que hacer es encontrar una forma práctica que nos permita aplicar y llevar a cabo este conocimiento al nivel más profundo de nuestra vida. De esta forma, al nivel más profundo, nos volvemos uno con la misma estructura de la realidad. En la meditación entramos en armonía con la forma misma de las cosas. Y lo que aprendemos con esto – es que vamos a entrar a la realidad del momento presente antes de que la muerte envuelva el pasado y el futuro en lo eterno. Esto quiere decir que tenemos que aprender a morir al ego y al estado de egoísmo que siempre se cuela en la realidad presente y que nos lleva a arrepentirnos del pasado o nos mantiene en un estado de somnolencia sobre el futuro. Meditar es aprender a estar presentes, a estar quietos. Estad quietos y conocer quien yo soy.(Salmo 46:10)

Nuestra experiencia ordinaria es transformada por la meditación. Sin dejar de ser ordinaria, está se hace más profunda por la luz, la verdad y el Amor. Cuando comenzamos a meditar nuestra experiencia valida los riesgos que hemos tomado al comprometernos de una forma tan absurda y, a la vez, tan maravillosamente simple. Ocurre así porque la meditación une las dos experiencias de vida; que, de una forma tan poderosa, abre nuestros ojos al nivel más profundo de percepción a la luz y a la estructura de la realidad.

Estas dos experiencias son el Amor y la muerte. Cuando nos enamoramos, nuestro mundo, el interno y el externo, se transforma y se transfigura. La persona amada se vuelve el centro de nuestra vida fuera de nosotros mismos. Entonces experimentamos la exultante libertad de espíritu que surge de desatar el nudo del auto-centralismo, del ego. Toda la energía antes absorta en el auto-centralismo, es ahora liberada, permitiéndonos regocijarnos en la persona que amamos, de atenderle y de usar todos los medios posibles para profundizar y expandir nuestra comunión con ella. Si hay suficiente compromiso a esta comunión, como a la realidad que la contiene pero que trasciende a cada individuo, entonces el Amor se profundiza y supera el enamoramiento y se expande durante la vida en una variedad de experiencias de crecimiento y de madurez, de crecimiento y madurez que transforma a la persona integralmente y a toda la relación. Esta persona íntegra es la persona a la que nos estamos convirtiendo. Del nacimiento a la muerte. Esta persona íntegra es la persona que entra a la vida eterna.

Cuando alguien a quien amamos muere y experimentamos su muerte, volvemos a nuestra propia vida con una más clara y pura percepción de la perspectiva verdadera de la vida simplemente porque hemos participado en la muerte de alguien a quien amamos – en la muerte de una parte de nosotros.

Y la muerte en sí misma, especialmente la muerte de alguien a quien amamos, nos enseña lo que el Amor nos enseña. Nos revela que a mayor profundidad del Amor y de comunión, más radicalmente tenemos que desatarnos y no ser posesivos. Para continuar enamorándonos debemos de continuar alejándonos del ego. Esta es la lección final y la más exigente que la vida nos enseña. Es el significado de la absoluta finalidad de la Cruz, el punto al que nos apunta la Cruz y que a la vez nos abre al universo expansivo de la Resurrección.

Tanto en la experiencia de amar y de morir descubrimos la realidad de abandonarnos a nosotros mismos. La maravilla de cada uno está en descubrir que podemos abandonarnos a nosotros mismos. De hecho, descubrimos que la principal razón de nuestra creación es que nos abandonemos. Y es así exactamente lo que la meditación nos enseña tan bien. Debemos colocar nuestro centro fuera de nosotros mismos, más allá de nosotros mismos, en el otro, en el Otro.

John Main
Del libro: Dead, the inner journey
Published by the Montreal Benendictine Priory
1981
Traducido por Lucía Gayón
Para la difusión de la Meditación Cristiana

PREGUNTA DE LA SEMANA

¿Cuál es tu experiencia de enamorarte y como la relacionas con la muerte?

Publicaré tu escrito en este sitio web donde podrás también ver las reflexiones de otros, lo que nos ayuda tanto en el compartir como en el aprender del otro. Por favor manda tu reflexión a permanecerensuamor@gmail.com

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