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La meditación es un sencillo método, un camino que emprendemos en compañía de Dios. Y digo método a propósito, porque hay una tendencia a considerar la meditación como una técnica (un procedimiento que produce efectos mecánicamente) para obtener resultados puramente egoístas: sentirse mejor, “olvidarse del mundo”, o flotar en las nubes. Meditar es, fundamentalmente, entregarse, quedarse quieto, silencioso, expectante… y Dios, siempre presente, se nos da sin medida. ¡Eso es pura gracia!

Andrés Ayala

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