La teología de la oración es la teología de la Trinidad. Cuando la comenzamos a ver en su dimensión experimental, es simplemente, asombrosa. La mente no puede contener el misterio, no lo puede abarcar en su esencia. Esta es la razón por la que debemos ir más allá de los conceptos de Dios. Debemos, en otras palabras, trascender el lenguaje, las percepciones, todo aquello que posible que limite a Dios. Debemos conocer a Dios con el auto-conocimiento de Dios ya que nuestro conocimiento es totalmente inadecuado. La perfección de la mente humana no es nada comparada con el inefable y total misterio. Esta es la razón por la que debemos recorrer el camino de la simplicidad. Es la simplicidad de Dios, la simplicidad de unidad, lo que nos pone una gran barrera. Por lo que el mantra es el camino para derribar esa barrera. El mantra, por decirlo asi, es el signo o símbolo de la unidad, de la simplicidad de Dios.

Una pregunta recurrente es: “¿Qué es exactamente lo que estamos haciendo cuando estamos meditando?, ¿Qué lugar tiene en nuestra vida cristiana en general?” Cuando la gente empieza a meditar y se les dice: “Debes repetir tu palabra de principio al fin, y no debes hablar con Dios o pensar en Dios, solamente repetir tu palabra”, ellos dicen, “Pero es esto oración? ¿Es oración cristiana? O es solo una forma de relajación o algo así como auto-hipnosis?” Ahora bien, en el Nuevo Testamento, podrás encontrar que uno de los temas recurrentes es que la oración es la oración de Jesús, y es en su oración como aprendemos a ser parte de, a entrar en ella. Decir el mantra, decir tu palabra, es simplemente estar vigilante en tu corazón de que la trivialidad externa no entre, incluso la trivialidad externa de tus palabras piadosas, palabras o pensamientos sagrados. Nada debe interponerse entre la corriente de oración, que es el Amor de Jesús por su Padre. Debemos estar totalmente abiertos a esto. El mantra es como un guardián, el guardián de tu corazón. Esta es la razón por la cuál debes aprender a decirlo del principio al fin de tu meditación.

Mi consejo para ti es que puedas ver los tiempos de tu meditación, no como un tiempo que está a tu disposición. Ver tu meditación como si fuera tu oración, pero que veas la oración de Jesús. Mientras pensemos de forma auto-importante sobre “mi” meditación, o “mi” oración, entonces no hemos realmente iniciado el peregrinaje. El tiempo es de Él, la oración es de Él.

El milagro es que su oración es nuestra oración, y es la simplicidad lo que nos brinda en total confianza en firme confidencia al Padre, que está descrito en el Evangelio como esperanza. Nos acercamos a la meditación sin dudar, pero con el sentido de un niño ante la disposición de Dios.

El requerimiento es ser totalmente generosos, que totalmente renunciemos a nuestros pensamientos, imaginación, perspectivas y sobre todo, renunciando incluso a nuestras propias oraciones hacia la apertura a la oración de Jesús en nuestro corazón.

La oración es la vida del Espíritu en Jesús en el corazón humano. Estamos orando cuando estamos despertando a la presencia del Espíritu en nuestro corazón.

John Main
Del libro: The hunger for depth and meaning
Edited by Peter Ng
Medio Media, 2007 – www.mediomedia.org
Traducido por Lucía Gayón
Para la difusión gratuita de la Meditación Cristiana

PREGUNTA DE LA SEMANA

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