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En la dimensión y mi experiencia humana puedo clasificar la espera de dos formas:

1. La activa: En esta estoy trabajando, haciendo algo para lograr algo concreto, mesurable, palpable, “creíble”.
2. La pasiva: En esta estoy esperando la respuesta de alguien o el resultado de una acción y ya no estoy “haciendo algo”.

La espera divina es una espera de certezas; es la espera en la confianza; es la espera que resulta de un SI implícito y explícito. La espera divina se manifiesta en alegría, despierta mis sentidos como la intuición y la creatividad. La espera divina es un hecho en el presente donde las ilusiones y fantasías son superadas por la realidad misma. La espera divina es para lo inexplicable, para tener la claridad del milagro del misterio que me supera y que más bien me espera para ser contemplado.

Lucía Gayón

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