Hay una gran diferencia entre esperar cuando sabemos que algo va a ocurrir a esperar sin saber si va a ocurrir o cuándo ocurrirá.

Cuando sabemos que algo va a ocurrir, que incluso tenemos una fecha, nuestra espera se vuelve creativa, alegre, hay la certeza del evento. Nos preparamos mejor sabiendo que lo esperado va a ocurrir, imaginamos y soñamos el momento de la llegada – una espera que se vuelve regalo.

Cuando no sabemos si algo va a ocurrir, nos encontramos con una espera difícil, nos refugiamos en el pensamiento positivo para así permitir que la esperanza no se caiga. Nos refugiamos también en la buena suerte, en la oración para pedirle a Dios que nos conceda lo que esperamos que ocurra o en la esperanza incierta.

El nacimiento de Jesús ya ocurrió y por ser un evento de felicidad, lo celebramos cada año. Como a los niños, nos gusta escuchar la historia una y otra vez.

Pero,  ¿qué tiene el nacimiento de Jesús que crea una celebración tan reconocida en nuestro mundo occidental? Hay quienes celebran de una forma pagana solamente (comiendo, bebiendo y comprando). Hay quienes celebran en el reconocimiento del Niño entre nosotros.  Unos celebran de forma litúrgica. Hay quienes celebran en Silencio. Unos combinan.  Otros se entristecen porque no pueden celebrar conforme a sus tradiciones o expectativas de lo que debiera ser la Navidad. Pero a todos nos llega el perfume de la Navidad – hasta en la música de los supermercados.

La celebración del nacimiento de Jesús es el Evento del Año – en mi opinión,  el más importante. Jesús no solo nos viene a ver, viene a quedarse con nosotros, viene y se queda para siempre. Y El viene como Regalo – sin etiqueta de marca o precio, sin descuentos, sin planes de crédito o de ahorro para el futuro. Simplemente aparece en un pesebre, ahi está – no lo tenemos que comprar, ni nos lo tenemos que ganar. Se hace regalo para ti y para mi.

Y su regalo es para siempre. En el establo de Belén no había filas para los buenos o filas para los malos. No había filas para hombres o mujeres – para niños o niñas. Había solo un pesebre con un Niño, con María y con José recibiendo a quien llegara a conocer a su hijito.

La Nochebuena es un día mágico donde la espera se corona. Ahí recibimos el Regalo – no solo nació Jesús, sino que ya es contigo y conmigo en nuestro corazón – para siempre. Y, no sé como, pero por este acontecimiento que se llama Navidad, aprendo a descubrir y a ver al Niño que también ya vive en tu corazón.

Lucía Gayón

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