La energía de Dios es mi norte, mi meta, mi rumbo. Se expresa en mi interior como una suave pulsión que me estimula para permanecer en el aquí y ahora, sin esperar nada, simplemente dejándome estar. Y experimentando en ese estado una expansión de mi ser total, que va incrementándose día a día. Es como si la persona que auténticamente soy quisiera expandirse y confundirse con todo lo Creado.

Alicia Gundín

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