Realmente para mí no existe la soledad. Una cosa es estar sola y otra la soledad.

Tal como dice el texto nos vamos dando cuenta gradualmente del amor que hemos y vamos recibiendo cada día. Dios no nos pide permiso para amarnos, no nos pone condiciones, somos nosotros quienes tenemos que estar dispuestos a recibirlo, a abrir nuestro corazón y dejarnos tocar por Él. Para ello hay que dejar las propias seguridades y dejar que Dios nos acompañe siempre, de esta manera, aunque pasemos o estemos pasando por desiertos, no sentiremos la soledad.

Para poder seguir el camino ¿cómo me dejo amar por Dios sin ponerle las excusas de mis limitaciones? Tengo que caminar sin miedo en el mundo para llegar a las demás personas.

Todos los días encontramos signos de gratuidad en nuestra vida y para ello la meditación es fundamental.

«Renuévame por dentro con espíritu firme» Salmo 50,10b

Pilar

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