camino

La expansión del espíritu se va produciendo paulatinamente a medida que avanzamos en nuestra práctica contemplativa. Ello ocurre porque esta actividad aquieta nuestro ser, trasciende los reclamos del ego y pacifica nuestra mente. Y nos sitúa en el tiempo presente. Entonces, la acción purificadora de Dios, a manera de un caudal de agua cristalina, se derrama por todo nuestro interior y provoca la expansión de nuestro espíritu. O sea, nos permite proyectarnos más ampliamente en todas direcciones y unirnos más estrechamente a su persona y a toda la Creación. Por eso, debemos insistir en nuestra actividad contemplativa. Para allanarle el camino a Dios y dejar que nos talle según su voluntad.

Alicia Gundín

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