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Hace 32 años estaba yo atravesando una situación muy difícil, por falta de trabajo y mala salud, estudiando al mismo tiempo .Había encontrado un aviso de trabajo en un diario y fui al lugar. No conseguí el empleo, pero, al regresar, ocurrió una experiencia maravillosa.

Estaba en medio de una plaza, cuando ,de pronto, toda mi angustia se disipó como por arte de magia. Experimenté la belleza del lugar, el contacto de la brisa suave sobre mi piel, el sol con sus rayos dorados filtrándose entre las hojas de los árboles y el canto armonioso de diversos tipos de pájaros. Permanecí unos instantes en medio de un placer indescriptible y luego volví a mi casa. retomé con alegría mis estudios.

En esa época yo no meditaba y no comprendí la trascendencia de ese momento. Ahora que medito puedo asegurar que se trató de uno de esos instantes maravillosos en que Dios (que está siempre dentro de nosotros) se hace presente de una manera más evidente para demostrarnos que no estamos solos, que Él nos acompaña permanentemente en nuestro diario andar.

Alicia Gundín

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