La experiencia es, para mí, un conjunto de prácticas que uno realiza. La actividad de pronunciar interiormente  el nombre de Jesús, todos los días y en toda ocasión forma parte de la experiencia. Y es algo muy necesario, imprescindible.

Esta experiencia nos lleva a abrir  nuestro ser en plenitud para permitir que Jesús nos moldee, nos impregne con su amor. Así podemos, cada día, estar más unidos a El . Y, a través, de esa impregnación, podemos ser uno con la persona de Dios. Creo que hasta la aparición de Jesús, el Dios en que creía el antiguo pueblo de Israel era un Dios alejado del hombre, diferente del ser humano . Con la emergencia de Jesús, Dios se hizo carne en nosotros, se consustanció con nuestro ser más profundo. Y esa, es la trascendencia a la que se refiere este escrito.

Alicia Gundín

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