Me gusta la comparación que hace entre la fantasía, cuya función es alejarnos de los miedos, con el Evangelio, que también tiene el mismo objetivo. La diferencia entre ambos que se explica en este texto es que la fantasía lo único que consigue es sepultar los miedos (y éstos vuelven a emerger cuando menos lo imaginemos) mientras el Evangelio es lo que nos permite trascender esos temores para conectarnos con la luz más profunda, que es la luz de Cristo.

Alicia Gundín

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