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La principal ilusión que experimentamos los seres humanos es la de Dios. Él se nos aparece como omnipotente, alejado de nosotros, por encima de todo. Esta ilusión que dificulta nuestra auténtica comunión con Dios proviene, desde mi punto de vista, de la forma en que hemos sido educados por nuestra Iglesia. No nos han enseñado que Dios está dentro de cada uno de nosotros, que podemos acceder a su amor a partir de la contemplación de su nombre.

En relación con esa ilusión primigenia, surgen todas las demás. La fe en Dios es, en general, otra ilusión. Decimos que creemos en Él, pero la nuestra es una actitud puramente racional. Sólo hay fe cuando Dios nos impregna totalmente con su amor, cuando se hace uno con nosotros. La práctica de la comunión tampoco garantiza una auténtica participación de la esencia divina. Es otra mera ilusión si no la acompañamos de una constante búsqueda, a partir del silencio interior, de la persona de Dios.

Alicia Gundín

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