Inocencia y no ingenuidad. El ingenuo no distingue entre bien y mal, y es “bueno” por casualidad o circunstancia. En cambio, el inocente conoce el bien pero también conoce el mal y decide elegir libremente por el BIEN. JESUS era inocente, no un ingenuo. Dejarse sorprender, asombrarse, maravillarse, encontrándose con lo real tal como lo real es y no cómo lo pensamos o sentimos…

Dani Roggero

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