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La experiencia cristiana ha tenido para mi un trayecto de cambios por mis perspectivas, educación y experiencias.

He vivido una experiencia cristiana enfocada en la muerte, en la culpa y en el pecado que ha sido algo que me inquieta y que rechazo; que me hace ver que ese no es el camino. Hace como 30 años rechacé esta visión y opté por buscar en otros lados. Estuve de turista espiritual por algún tiempo pero no encontraba yo la respuesta porque tampoco tenía yo bien definida la pregunta.

En 1981 mi vida espiritual cambió al conocer a Father John Main en Montreal. De él aprendí a meditar y pude afinar mis antenas espirituales al camino de Vida, de luz y de Amor que siento y sé que es la verdadera experiencia cristiana.

Pensaba que la experiencia cristiana era una conversión como pasar del negro al blanco. De ser mala a ser buena; de ser pecadora a ser santa; de ser condenada a ser salvada. Con la experiencia de meditar me descubrí en la presencia de Dios, amada, protegida, iluminada. Veo ahora que la conversión es un abrirnos cada día a esa presencia de Dios y ver la vida, no desde ser pecadora, tentada por el demonio, viviendo en las alcantrillas del mal.

La experiencia cristiana es saberme aceptada y estar en la misma frecuencia que Cristo – y su única frecuencia es la del Amor.

La experiencia de meditar despierta mis sentidos para poder detectar todo aquello que me impide crecer en libertad; me permite ver de dónde vienen mis sentimientos de culpa y ponerlos en el lugar que corresponde.

La experiencia de meditar me permite descubrir creencias culturales religiosas y dónde “caben” (si es que caben) en la vida de Jesús – tanto en su vida terrenal como en su vida que es en mi. La mayoría de esas creencias religiosas contribuyeron a una visión de muerte, pecado y culpa, que ahora detecto con más claridad.

Estoy llamada a la iluminación, porque la experiencia cristiana es un despertar constante a la presencia del Amor en mi vida, como se manifieste. Solo falta que tenga yo siempre esa certeza – por eso tengo que meditar – no porque al meditar haga yo que pasen cosas, sino para disponerme consciente y atenta a la obra del Espíritu de Dios que es en mi.

 

 

Lucía Gayón

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