fatherjohnmain

´Antes dije que pensaba que la atmósfera espiritual de nuestra época podría describirse como un re-despertar a los valores de lo absoluto y de lo personal. Y continué diciendo que pensaba que si la Iglesia iba a cumplir su tarea de completar toda la conciencia espiritual en sí misma, entonces en primer lugar tendría que ver las épocas como realmente son – es decir, ser auténtica con su propio carácter profético. En segundo lugar, tendría que manifestar en ella misma, a través de una red de relaciones personales, que el propósito de lo absoluto y lo personal ya ha sido llevado a cabo en Jesús y que este es el misterio cristiano – la Iglesia debe ser auténtica también con su carácter sacerdotal.

Me gustaría bajar de la abstracción de este tipo de lenguaje y relacionar lo que he estado diciendo con la situación concreta en la Capellanía de la Universidad. Sería arrogante de mi parte tratar de exponer en una sola ponencia una metodología infalible para el ministerio en las universidades contemporáneas: tanto más porque yo nunca he ejercitado tal ministerio. Lo que les ofrezco son algunos pareceres, que quedan a su consideración, y que siguen de lo que tenía para decirles respecto del clima contemporáneo para la oración.

Arnold Toynbee vio el encuentro entre las tradiciones de Oriente y Occidente como el mayor suceso del siglo XX. La actual atracción de Oriente para los jóvenes está en que en el Budismo, el Hinduismo o el Zen, la prioridad de experiencia real es expuesta ante ellos con toda simplicidad y franqueza – no con la vergüenza y confusión con que nosotros en Occidente hablamos tan a menudo de la experiencia espiritual. El mismo interés es evidente entre los jóvenes en muchos de los renacientes movimientos cristianos, donde la preocupación central está en la verificable y contrastable experiencia de conversión, de ´encontrar a Jesús´.

En cualquier debate con los jóvenes pronto queda en claro que la palabra ´experiencia´ tiene mayor fuerza y significado que la palabra ´fe´. Somos una era más escéptica que muchas otras pero, en algunos aspectos, más ingenua: creeremos sólo en lo que hayamos experimentado. Podemos ir confiadamente hacia adelante en la oscuridad sólo si primero hemos tenido una experiencia de la luz. Esto, pienso, es una de las grandes señales de la integridad de la conciencia espiritual de nuestro tiempo.

Los jóvenes miran a Oriente porque ven la posibilidad de experimentar la presencia real de Dios en su mundo; es decir una dimensión absoluta y legítima que subsiste en todas las cosas y mantiene la armonía esencial entre humanidad y materia.

Pero la experiencia que ellos están buscando es también la de conocer lo absoluto en directa e íntima relación con ellos mismos; no como una realidad conceptual conocida sólo como parte de un sistema moral atado a relatividades sociales, sino como una relación personal interior. Por esta experiencia se desarrolla una aceptación incondicional de su propia humanidad y el conocimiento de su lugar en el mundo: quiénes son y hacia dónde van. El equilibrio y armonía entre Dios y ellos mismos, lo cual están buscando, se constata en las palabras de Jesús:

´Sean por tanto todo bondad como su Padre celestial es todo bueno – Mt 5:48.´´

Extracto de: Comunidad de Amor, de John Main
Traducción: Noelia Valenzuela y Mary Meyer
Revisión: Marina Müller
Regalo de Enrique

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