abundancia

¿La muerte? La que va a dejar mi cuerpo sin aliento ni movimiento, la que va a devolver la materia a la materia, esa me resulta casi atractiva. Me llama la otra orilla como un tesoro prometido, una tierra nueva sin exilio. Desde hace tiempo no la temo. Desde el ancho océano de paz donde solo es lo que es, se paladea la seguridad de que las separaciones son pura ilusión, donde el Amor puro es.

Yo le temo a esas pequeñas muertes diarias que me pillan desprevenida, descentrada, que me recuerdan el largo camino por recorrer, esas muertes y sus duelos sanadores que me dicen cómo estoy realmente por dentro y me van balizando el avance. Me siento, medito y remo mar adentro, donde vuelvo a aprender que todo es ser. Lista para la siguiente marejada… y los golpes contra el malecón, mientras siga aquí, en esta tierra con orillas y lindes de mentira. Aquí es el exilio pero un exilio fecundo.

Luz Galilea

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